Llamé a mis papás y hablé un buen rato. Les conté de todo, salvo Aquiles.
Más tarde, fuimos al supermercado. Nos la pasamos discutiendo porque yo quería una cosa y él quería otra. Así que tomé otro carrito e hice mis propias compras y pagué yo.
Estaba furioso. Ni me miraba ni me hablaba. Tomé un té, mientras leía. Decidí utilizar la ley del hielo. Fría. Irrompible. (Casi).
Se hicieron las doce de la noche, después de no haber cenado, hablado, o mirado. Me fui a mi habitación y me acosté. Doce y media me tomó de mi cama y me llevó a la suya. No protesté, pataleé, ni hablé. Él solo me abrazó y yo no lo toqué.
- Hablame, tonta
- ...
- Dale, el enojado era yo, ya se me pasó, me cuesta dormir peleados.
- Yo no estoy enojada.Vos solo te enojas por estupideces.
- Tenés razón. Abrazame.
- No quiero, callate y dormí o me voy.
Me acercó más a su cuerpo, sentía su respiración tranquila en mi nuca. No había nada más placentero que dormir a su lado, lo admito.
Pasados los 10 minutos, me di vuelta, le di un beso, y lo abracé. Dormí con mi cabeza en su pecho, escuchando como su corazón latía con fuerza.
- No te vayas, por favor.
Eran las 4 de la madrugada. No sabía por qué había dicho eso, pero estaba repitiéndolo.
- No te vayas, no te vayas, no me dejes.
- Eu, que pasa? Aquiles...
Él sudaba, tenía los ojos cerrados y estaba temblando. Seguía durmiendo. Toqué su frente y noté que estaba enfermo, deliraba.
- Por favor, quedate...
- Aquiles...
- More, quedate. Morena, Morena. Por favor.
Se me paró el corazón. ¿Quién era "More"? Le solté la mano. Me levanté, busqué un trapo húmedo y agua fría y se la pasé en la frente. Estaba mas tranquilo y no pronunciaba ni una palabra. Creo que estaba soñando o alucinando por la temperatura alta que tenía, pero la intriga de saber quien era esa mujer me dejaba intranquila. Cuando despierte, lo hablaríamos.
A las 4:50 me fui a mi habitación. Hacía días no dormía tranquila y este muchacho me daba más dudas que soluciones. No sabía a donde iba a llegar esto y tampoco quería averiguarlo. Primero, la mujer de pelo corto, que no sabía ni su nombre, quizas era esa Morena, lo cual traía otro inconveniente, que él la busca en sus sueños, pide que se quede, cuando me tiene al lado. No tenía ganas de tener tantas cosas en la cabeza. No quiero inconvenientes. Si esto seguía así, o me iba a otro lugar, o volvía a Argentina.
Me desperté, me cepillé los dientes, desayuné y me fui a trabajar. Antes de salir, me fijé que Aquiles esté mejor que ayer, pero desafortunadamente seguía igual. Dejé a su lado unas pastillas para cuando despertara.
Mariano, como todos los días me invitaba un café luego del trabajo. Nos hicimos bastante amigos y descubrí que era gay. El sueño de toda mina, tener un amigo gay. Me llevó de nuevo a casa y Aquiles estaba sentado en una silla tomando agua.
- Como te sentis? - dije, distante
- Mejor, gracias.
Fui a mi habitación y me acosté. Estaba cansadisima. Dormí una pequeña siesta y me levanté a cenar.
Aquiles estaba sentado en la misma posicion y seguía tomando agua.
- Pasa algo? - dije
- Si, estoy enfermo.
- Eso ya lo sé.
Se mantuvo callado un rato y no dijo nada más.
Le preparé una comida sana y a penas la probó. Me agradeció pero se sentía mal. Fue a acostarse y esta vez no me pidio que me acueste con él.
Entré en su cuarto después de haber ordenado y estaba llorando. No entendía por qué. Lo abracé y me abrazó muy fuerte. Su llanto fue cesando y su respiración se hizo más lenta. Se durmió en mis brazos. Estaba con mucha menos temperatura pero aún seguía enfermo. Lo acosté con dificultad, ya que era bastante pesado, y lo tapé.
Cuando estaba por irme, me tomó la mano y me acostó a su lado. Enojada, me separé de él y me fui a mi cuarto. Me gritó para que me quedara pero lo unico que pude hacer era encerrarme en mi pieza y dormirme.
.
domingo, 10 de agosto de 2014
14
Me levanté y Aquiles no estaba a mi lado.
Lo busqué por toda la casa y no aparecía. Supuse que se había ido.
Era sabado y tenía franco. De repente, escuché la puerta y fui a atender inmediatamente en el peor estado que podía encontrarme: desnuda, solo con las sabanas blancas de la cama de él.
Era la mujer de pelo corto.
Me miró de arriba a bajo, puso cara de asco y preguntó por Aquiles. Le dije que no estaba y que no sabía cuando iba a volver. Me dijo que lo iba a esperar, ya que él le dijo que venga.
Cuando dijo lo ultimo, mi expresión cambió. Le dije que esperara sentada que yo iba a cambiarme. Entré en la habitación de Aquiles, y tomé la poca ropa que había ahí. Mi camisa y sweter habían quedado tirados en la cocina la noche anterior. Espero que ella lo haya visto.
Pasé en corpiño y tomé la camisa y me la puse, mirandola a ella con expresion satisfecha en mi cara. El sweter lo dejé en mi cama.
Preparé un té, y le ofrecí. Lo rechazó educadamente pero manteniendose al margen con su cara de galletita quemada.
- No sé que es lo que pasa entre Aquiles y vos, pero quiero que sepas que yo voy a hacer lo posible para recuperar lo que es mío. - dijo en Italiano, lo cual entendí a medias.
Ah no, si estaba buscando pelearse, había sacado todos los numeros. ¡¿ "Lo que es mío" ?! Lo que es tuyo a mi me hizo el amor en el mismo lugar donde estamos ahora, querida.
- No pasa nada entre nosotros - dije - así que hacé lo que quieras. A mi no me des ultimatums, Tanita.
- Apareciste desnuda en la puerta y fuiste a buscar ropa a su habitación. - dijo, irónica, se notaba que no entendió lo que le dije por su expresión en el rostro.
- No pasa nada entre nosotros. - Repetí
- Está bien, sólo quería hablar con él. Mantente alejada.
- Vivo con él - dije, sonriendo.
Apareció en la puerta y se quedó con cara de poker. No se lo esperaba. Mi cara de asco se hizo notar. Tomé la taza y los dejé solos.
Escuché una fuerte discusión y un golpazo. Salí de mi cuarto
- Le dijiste que venga? Te sacaste las ganas conmigo y ya volviste con ella.. - dije - espero que no vuelva, es una mina bastante asquerosa.
- No digas estupideces. Vino a llevarse su ropa. Le dije que no la quería ver de nuevo en esta casa.
- Si, y no me defendiste cuando me dijo zorra y otras cositas, además de que dijo que iba a hacer lo posible por volver con vos.
- No te tiene que importar lo que piensen sobre vos. Sólo de mi te tiene que importar. Y con ella ya te dije que no hay nada, no siento nada.
- No me interesa ni lo que pienses vos - dije, enojada - si pasa algo entre ustedes, bien, pero manteneme informada así no es cornuda. - dije ironicamente.
Se acercó y me besó suavemente. Me subió a la mesada y empezó a desabrocharme nuevamente la camisa. A penas sentirlo cerca me erizaba los pelos, pero me mantuve firme y lo paré.
- Mmmmmme parece que tendriamos que cocinar... - dije
Soltó un suspiro de frustración, y aceptó.
El amasó la masa para tarta y yo hice el relleno.
Me tiró harina en el pelo y yo tiré un huevo sobre él. Terminamos enchastrados. Comimos y me fui a duchar.
En la ducha, reviví todos los momentos de la noche anterior. No podía creer lo que había hecho. No sabía por qué, pero creía que estaba mal, que iba en mi contra. Seguía enojada con él y conmigo.
Sentí que unas manos se posaban en mi espalda húmeda y salté. Casi me resbalo, pero tenía a Aquiles sosteniendome y riendose a carcajadas.
Le pegué y lo besé con muchas ganas. No iba a histeriquearlo. Volvimos a hacerlo, esta vez abajo del agua.
Le advertí que no tomaba la pastilla, y como no podía usar preservativo en la ducha, no tenía que terminar dentro. Tomó mis caderas y empezó a enjabonarlas, también a mi monte de venus y a mi clítoris. Repetí lo mismo con su pecho, espalda y pene.
Estabamos enredados, haciendo el amor en la ducha.
El agua enfrió, pero no alcanzaba para enfriar a nuestros cuerpos. Estabamos exhaustos pero satisfechos. Es un dios en la cama, y en la ducha.
- Seguís enojada? - dijo, esbozando su hermosa sonrisa
- Para nada... - dije y me reí - pero que no vuelva.
Lo busqué por toda la casa y no aparecía. Supuse que se había ido.
Era sabado y tenía franco. De repente, escuché la puerta y fui a atender inmediatamente en el peor estado que podía encontrarme: desnuda, solo con las sabanas blancas de la cama de él.
Era la mujer de pelo corto.
Me miró de arriba a bajo, puso cara de asco y preguntó por Aquiles. Le dije que no estaba y que no sabía cuando iba a volver. Me dijo que lo iba a esperar, ya que él le dijo que venga.
Cuando dijo lo ultimo, mi expresión cambió. Le dije que esperara sentada que yo iba a cambiarme. Entré en la habitación de Aquiles, y tomé la poca ropa que había ahí. Mi camisa y sweter habían quedado tirados en la cocina la noche anterior. Espero que ella lo haya visto.
Pasé en corpiño y tomé la camisa y me la puse, mirandola a ella con expresion satisfecha en mi cara. El sweter lo dejé en mi cama.
Preparé un té, y le ofrecí. Lo rechazó educadamente pero manteniendose al margen con su cara de galletita quemada.
- No sé que es lo que pasa entre Aquiles y vos, pero quiero que sepas que yo voy a hacer lo posible para recuperar lo que es mío. - dijo en Italiano, lo cual entendí a medias.
Ah no, si estaba buscando pelearse, había sacado todos los numeros. ¡¿ "Lo que es mío" ?! Lo que es tuyo a mi me hizo el amor en el mismo lugar donde estamos ahora, querida.
- No pasa nada entre nosotros - dije - así que hacé lo que quieras. A mi no me des ultimatums, Tanita.
- Apareciste desnuda en la puerta y fuiste a buscar ropa a su habitación. - dijo, irónica, se notaba que no entendió lo que le dije por su expresión en el rostro.
- No pasa nada entre nosotros. - Repetí
- Está bien, sólo quería hablar con él. Mantente alejada.
- Vivo con él - dije, sonriendo.
Apareció en la puerta y se quedó con cara de poker. No se lo esperaba. Mi cara de asco se hizo notar. Tomé la taza y los dejé solos.
Escuché una fuerte discusión y un golpazo. Salí de mi cuarto
- Le dijiste que venga? Te sacaste las ganas conmigo y ya volviste con ella.. - dije - espero que no vuelva, es una mina bastante asquerosa.
- No digas estupideces. Vino a llevarse su ropa. Le dije que no la quería ver de nuevo en esta casa.
- Si, y no me defendiste cuando me dijo zorra y otras cositas, además de que dijo que iba a hacer lo posible por volver con vos.
- No te tiene que importar lo que piensen sobre vos. Sólo de mi te tiene que importar. Y con ella ya te dije que no hay nada, no siento nada.
- No me interesa ni lo que pienses vos - dije, enojada - si pasa algo entre ustedes, bien, pero manteneme informada así no es cornuda. - dije ironicamente.
Se acercó y me besó suavemente. Me subió a la mesada y empezó a desabrocharme nuevamente la camisa. A penas sentirlo cerca me erizaba los pelos, pero me mantuve firme y lo paré.
- Mmmmmme parece que tendriamos que cocinar... - dije
Soltó un suspiro de frustración, y aceptó.
El amasó la masa para tarta y yo hice el relleno.
Me tiró harina en el pelo y yo tiré un huevo sobre él. Terminamos enchastrados. Comimos y me fui a duchar.
En la ducha, reviví todos los momentos de la noche anterior. No podía creer lo que había hecho. No sabía por qué, pero creía que estaba mal, que iba en mi contra. Seguía enojada con él y conmigo.
Sentí que unas manos se posaban en mi espalda húmeda y salté. Casi me resbalo, pero tenía a Aquiles sosteniendome y riendose a carcajadas.
Le pegué y lo besé con muchas ganas. No iba a histeriquearlo. Volvimos a hacerlo, esta vez abajo del agua.
Le advertí que no tomaba la pastilla, y como no podía usar preservativo en la ducha, no tenía que terminar dentro. Tomó mis caderas y empezó a enjabonarlas, también a mi monte de venus y a mi clítoris. Repetí lo mismo con su pecho, espalda y pene.
Estabamos enredados, haciendo el amor en la ducha.
El agua enfrió, pero no alcanzaba para enfriar a nuestros cuerpos. Estabamos exhaustos pero satisfechos. Es un dios en la cama, y en la ducha.
- Seguís enojada? - dijo, esbozando su hermosa sonrisa
- Para nada... - dije y me reí - pero que no vuelva.
13
Luego de que Mariano me haya llevado a recorrer partes de Florencia que no conocía, me invitó a cenar pastas. Me pasó su numero. No me parecía desubicado ni nada, es más, me parecía muy simpático y lindo. Era morocho de ojos marrones, lo común. Llevaba la barba de un día, como si no tuviera ganas de afeitarse, la cual le quedaba muy linda. Tenia una sonrisa pícara pero a la vez, tímida. Era muy gracioso también.
A las 3 de la mañana llegué a casa. Aquiles estaba despierto, y por su expresión se notaba que estaba enojado. Vio por la ventana como Mariano se iba en su auto. La sangre le hervía, y una vena en su cuello se marcaba. Estaba enojado, como si le hubieran tratado de robar algo que es de él. Como si no tuviera la posibilidad de proteger algo que, según el, le pertenece.
Sus facciones decían todo. Tenía el brillo en su piel sudada, como acalorado. Respiraba entrecortado y sus ojos mostraban preocupación.
Al entrar, corrió hacia mi y me abrazó
- Que pasa que estas así? - dije, confusa
- Te fuiste desde la mañana y volviste con ese tipo, como queres que esté mas que furioso?! - dijo, casi gritando
- Ya te dije ayer que soy lo bastante gran...
De repente, mis labios se sintieron invadidos en algo suave y extraño, en algo que encajaba perfectamente a mi. Nunca había besado a alguien así, nunca nadie me besó tan apasionadamente.
Su boca era puro fuego. Sus manos se posaron en mi cadera, mientras yo me entregaba. No podía decir que no a semejante perfección. Mis brazos se enroscaron en su cuello. Mi boca conocía cada parte de la suya y nuestras lenguas se chocaban, se presentaban de una buena vez por todas.
Cuanto más me tocaba, más lo deseaba. Sus dedos recorrían mi espalda y mi trasero. Me apoyó contra él, su erección se hacía notar contra mi pelvis. El calor entre los dos aumentaba. No existía nada que pudiera opacar este momento, eramos nosotros en el pequeño living de la casa del señor más sexy de Italia.
Le desabroché los botones de su camisa, como empezando lo que no querría que acabe nunca. Él tomó mi pulover y me lo quitó despacio, como si todo el mundo del tiempo nos perteneciera. Mi camisa desapareció al instante y se deleitó mirando mis pechos.
No había nada bajo su camisa que yo no haya visto antes, sus pectorales marcados perfectamente, su panza chata y su piel suave y bronceada que emanaba sexo. Su aroma a dios me fascinaba.
Nuestras respiraciones entrecortadas nos excitaban aún más. Lo unico que nos separaba era la poca ropa que quedaba.
Me tomó del trasero, invitándome a saltar hacia su pelvis y asi estar más unidos. A caballito, me llevó a su habitación, llevandose todo por delante, sin dejar de besarme.
Suavemente me posó sobre su cama y me quitó los zapatos y la calza que tanto le molestaba. Para no perder tiempo, dejé de lado el corpiño y empecé a bajar su joggin con la poca fuerza que tenían mis piernas.
Estabamos los dos con la misma cantidad de ropa cada uno. Quedaba el ultimo obstáculo, pero nuestras bocas se reclamaban. Bajó su mirada a mis largas piernas y largó un suspiro. Bajé lo que quedaba de mi ropa interior y él imitó la misma acción.
Sabía en dónde tocar, como si conociese a la perfección cada rincón de mi cuerpo. Su mano bajó hacia mi sexo e introdujo, primero un dedo, que dejó lugar a un gemido mío. Luego dos, donde el gemido se intensificó. Quería tenerlo dentro mío.
Busqué la manera de llegar hacia su miembro y lo tomé por sorpresa. Empecé a masajearlo de arriba abajo, y su respiración se hacía cada vez más fuerte y entrecortada, lo cual me llevaba a un lugar parecido al infierno.
La poca luz de la habitación la proporcionaba la luna desde la ventana abierta. Se fundieron nuestros fuegos en su alcoba.
Tomó de su cajón un preservativo, apartó mi mano con suavidad, lo colocó, me besó fuerte, y esparció la humedad sobre toda mi vagina. Entró en mí. Encajabamos a la perfección. Los besos se hicieron más fuertes, y de a poco se adentraba más en mi, primero lento, luego más fuerte. Primero, poco, después, hasta el fondo.
Nuestros gemidos eran música. No quería que ese momento terminara nunca. El ritmo no cesaba.
No podíamos aguantar más, lo notaba por su expresión.
Llegó el orgasmo, primero para él, luego de una embestida más, me llegó a mi. Sudabamos, estabamos exhaustos. Quedó dentro mío lo que para mi fue una eternidad, y el cansancio surtió efecto. Dormimos así, unidos, no había espacio que no esté ocupado entre nuestros cuerpos.
12
Desayunamos al mismo tiempo. No podíamos parar de mirarnos. Notaba en su expresion, una libertad, una paz interior que yo envidiaba. Él había declarado que sentía cosas, no creería que sea amor ni mucho menos, pero deseo, ganas... era lo que nos pasaba a los dos.
Cada masticación era un infierno, era sentir su mirada sobre mi cuerpo. Me atacaba voluntariamente, como si la respuesta a la paz mundial fuera yo.
Dejé los platos en el lavavajillas, ya que no tenía ni tiempo ni me apetecía lavar los platos teniendo encima la mirada de este hombre.
Me puse unas calzas negras, una camisa blanca, un pulover negro, y mis zapatos blancos más comodos. Tome la cartera, y las cosas necesarias para el día.
Caminando por los pasillos de Florencia, llegué al trabajo. Mi primer proyecto sería una fiesta infantil. Me estaban probando, pero los deslumbraría. Fui con Mariano, un compañero. Hablabamos poco, pero era simpático y tímido.
Me dio unos consejos, que no entendí muy bien, por lo tanto, trabajé por mi cuenta con lo que yo sabía.
Ya había estado averiguando sobre las clases de Italiano, esta semana empezaría, se me hacía dificil comunicarme.
Después de trabajar toda la tarde, Mariano me invitó un café. Charlamos un poco, me enseñó con señas algunas cosas que no sabía sobre el idioma y el lugar. Me sorprendía lo rápido que aprendía, pero era dificil aún, requería de práctica.
Salir de la casa me distraía, pero por momentos, me acordaba de Aquiles y se me llenaba de preguntas la cabeza, y de cosquillas la panza. No sabía si iba a aguantar más todo esto.
Cada masticación era un infierno, era sentir su mirada sobre mi cuerpo. Me atacaba voluntariamente, como si la respuesta a la paz mundial fuera yo.
Dejé los platos en el lavavajillas, ya que no tenía ni tiempo ni me apetecía lavar los platos teniendo encima la mirada de este hombre.
Me puse unas calzas negras, una camisa blanca, un pulover negro, y mis zapatos blancos más comodos. Tome la cartera, y las cosas necesarias para el día.
Caminando por los pasillos de Florencia, llegué al trabajo. Mi primer proyecto sería una fiesta infantil. Me estaban probando, pero los deslumbraría. Fui con Mariano, un compañero. Hablabamos poco, pero era simpático y tímido.
Me dio unos consejos, que no entendí muy bien, por lo tanto, trabajé por mi cuenta con lo que yo sabía.
Ya había estado averiguando sobre las clases de Italiano, esta semana empezaría, se me hacía dificil comunicarme.
Después de trabajar toda la tarde, Mariano me invitó un café. Charlamos un poco, me enseñó con señas algunas cosas que no sabía sobre el idioma y el lugar. Me sorprendía lo rápido que aprendía, pero era dificil aún, requería de práctica.
Salir de la casa me distraía, pero por momentos, me acordaba de Aquiles y se me llenaba de preguntas la cabeza, y de cosquillas la panza. No sabía si iba a aguantar más todo esto.
11
Esta vez salió solo, y me miró con cara de preocupación. Le sonreí y le fui indiferente. Ya había reflexionado: No soy nadie para decirle nada, entre nosotros no pasó nada, yo por él no sentía nada, y esta es su casa, asi que puede traer a todas las putas que quiera para garchar.
Cené mientras miraba una revista, y no dije ni una palabra. Lavé mi plato, y me fui a mi habitación. Estaba manteniendo mi postura, firme y dura.
Estaba muy contenta por el trabajo. De mi lista de tareas, taché "Conseguir trabajo".
Me senté en la cama.
Se abrió la puerta y Aquiles vino y se puso al frente mío.
- Decime algo, puteame, gritame, escupime, pegame, pero hacé algo - dijo, nervioso, respirando agitado y con miedo
- ¿Por que? - no le di importancia
- Dale, estuve acá con otra mientras ayer nosotros dos estuvimos muy intimos
Solté una carcajada - Intimos? porque me acostaste y tapaste en una cama y me diste un beso en la frente? - un beso en la frente no es para cualquiera - No pasó nada Aquiles, esta es tu casa, podes traer a quien quieras y hacer lo que quieras porque a mi no me va a afectar en absoluto - mentí.
- Así que no te afectó? - dijo, irónico - Entonces no te va a afectar que venga a vivir acá
Me puse rigida y tensa, casi le grito, pero me contuve, si la traía significaba odio, y que yo me iba, obviamente, no podia vivir acá.
- Es decisión tuya - dije con la peor de mis caras
- Si, te afecta, y no podes evitarlo. Como a mi me afecta que te vayas sola, como me afecta que tengas un trabajo donde estas rodeado de hombres, como me afectaba que te miraran mis compañeros en la cocina y los hombres del restaurante.
- Como sabes donde trabajo ahora? Me seguiste? Sos un enfermo!- dije, gritando, enojada.
Me satura que me persigan, que me controlen, y ahora aparece este. No lo podia creer.
- No importa
- Ah no, bueno, si viene esa mujer a vivir yo me voy de acá
- No era que no te afectaba? - dijo sonriendo
- Que te importa a vos, si sos un pendejo. - no sé por qué dije eso - No podria vivir con esa mujer, además la parejita tendria que vivir sola, tres son multitud - dije con mi sonrisa mas ironica
- No pasa nada con ella, solo la usé. A mi me gustas vos - dijo.
Que quéeeeeeeeee?
Me quedé atónita
Igual era obvio.
Mi cara era dura, en mi boca se formó una linea recta
Conté hasta tres.
1...2...3...
- Me parece que tendría que irme igual
- Quedate, por favor - rogó
- Estas con ella, disculpame, pero no me pasa lo mismo que a vos - otra vez, mentí
- Sos muy mala mintiendo, señorita. - se me acercó mientras lo decía. Di un paso hacia atrás
Me sonrojé y me reí.
Me retracté.
Tomé las valijas y empecé a ordenar todo.
- SALOMÉ, QUEDATE. - me ordenó mientras me tomaba de la cintura. Mi cuerpo se calentó de arriba a abajo ante su tacto.
- No pienso quedarme ni un minuto más acá! usas a las mujeres, las traes acá, al frente mío, un poco de respeto hombre, no somos objetos ni mucho menos, sabías como eran las cosas y la trajiste acá, no sabes como la pasé - y me callé, no tendria que haber dicho nada.
- Como son las cosas? vez como te afecta? - sonreía, esto era lo que buscaba
- Que te importa a vos como son las cosas ahora - segui tomando mi ropa - ya está
- La traje porque fue una aventura que tuvimos durante un tiempo, ella esta enamorada, yo no siento nada, y vos.. vos apareciste y sentí algo desde que te vi en la escalera de la puerta de mi casa, desde que tocaste Italia, te sentí. Y te fuiste, no me dejaste complacerte ni cumplirte caprichos, o no me dejaste cuidarte cuando estabas perdida. No manejo bien que las mujeres sean libres, todas eran las sumisas, las que estaban atrás mio. La traje porque quería ver como reaccionabas, quería que acciones, que des el primer paso, que me celes, que me digas algo. No puedo hacerme el indiferente con vos, con cualquiera me sale, con vos no Salomé.
Me quedé muda. Y no sabia realmente que pensar.
- Nos conocemos hace 5 días Aquiles, no exageres. Soy libre de hacer lo que quiero, estoy de vacaciones, esto tampoco es temporal, y si querías que accione, hubieras implementado otra cosa, porque esto simplemente empeoró todo, todo pensamiento bueno que tenía hacia vos se borró, fue cualquier cosa.
- Me enfermas, me encantas. No lo notas? - me agarró y me apretó contra su cuerpo, mi cara quedó a la altura de su cuello que soltaba ese aroma fresco, y su bulto se apoyaba contra mi ombligo. Estaba caliente, enojado, ardía.
Me enfurecí, no podía distraerme de esa forma. Salí de su lado, y no pudo más, no me forzó.
Se fué de la habitación, asi sin más.
Quedé frustrada. Caliente, enojada, frustrada, confundida.
Cené mientras miraba una revista, y no dije ni una palabra. Lavé mi plato, y me fui a mi habitación. Estaba manteniendo mi postura, firme y dura.
Estaba muy contenta por el trabajo. De mi lista de tareas, taché "Conseguir trabajo".
Me senté en la cama.
Se abrió la puerta y Aquiles vino y se puso al frente mío.
- Decime algo, puteame, gritame, escupime, pegame, pero hacé algo - dijo, nervioso, respirando agitado y con miedo
- ¿Por que? - no le di importancia
- Dale, estuve acá con otra mientras ayer nosotros dos estuvimos muy intimos
Solté una carcajada - Intimos? porque me acostaste y tapaste en una cama y me diste un beso en la frente? - un beso en la frente no es para cualquiera - No pasó nada Aquiles, esta es tu casa, podes traer a quien quieras y hacer lo que quieras porque a mi no me va a afectar en absoluto - mentí.
- Así que no te afectó? - dijo, irónico - Entonces no te va a afectar que venga a vivir acá
Me puse rigida y tensa, casi le grito, pero me contuve, si la traía significaba odio, y que yo me iba, obviamente, no podia vivir acá.
- Es decisión tuya - dije con la peor de mis caras
- Si, te afecta, y no podes evitarlo. Como a mi me afecta que te vayas sola, como me afecta que tengas un trabajo donde estas rodeado de hombres, como me afectaba que te miraran mis compañeros en la cocina y los hombres del restaurante.
- Como sabes donde trabajo ahora? Me seguiste? Sos un enfermo!- dije, gritando, enojada.
Me satura que me persigan, que me controlen, y ahora aparece este. No lo podia creer.
- No importa
- Ah no, bueno, si viene esa mujer a vivir yo me voy de acá
- No era que no te afectaba? - dijo sonriendo
- Que te importa a vos, si sos un pendejo. - no sé por qué dije eso - No podria vivir con esa mujer, además la parejita tendria que vivir sola, tres son multitud - dije con mi sonrisa mas ironica
- No pasa nada con ella, solo la usé. A mi me gustas vos - dijo.
Que quéeeeeeeeee?
Me quedé atónita
Igual era obvio.
Mi cara era dura, en mi boca se formó una linea recta
Conté hasta tres.
1...2...3...
- Me parece que tendría que irme igual
- Quedate, por favor - rogó
- Estas con ella, disculpame, pero no me pasa lo mismo que a vos - otra vez, mentí
- Sos muy mala mintiendo, señorita. - se me acercó mientras lo decía. Di un paso hacia atrás
Me sonrojé y me reí.
Me retracté.
Tomé las valijas y empecé a ordenar todo.
- SALOMÉ, QUEDATE. - me ordenó mientras me tomaba de la cintura. Mi cuerpo se calentó de arriba a abajo ante su tacto.
- No pienso quedarme ni un minuto más acá! usas a las mujeres, las traes acá, al frente mío, un poco de respeto hombre, no somos objetos ni mucho menos, sabías como eran las cosas y la trajiste acá, no sabes como la pasé - y me callé, no tendria que haber dicho nada.
- Como son las cosas? vez como te afecta? - sonreía, esto era lo que buscaba
- Que te importa a vos como son las cosas ahora - segui tomando mi ropa - ya está
- La traje porque fue una aventura que tuvimos durante un tiempo, ella esta enamorada, yo no siento nada, y vos.. vos apareciste y sentí algo desde que te vi en la escalera de la puerta de mi casa, desde que tocaste Italia, te sentí. Y te fuiste, no me dejaste complacerte ni cumplirte caprichos, o no me dejaste cuidarte cuando estabas perdida. No manejo bien que las mujeres sean libres, todas eran las sumisas, las que estaban atrás mio. La traje porque quería ver como reaccionabas, quería que acciones, que des el primer paso, que me celes, que me digas algo. No puedo hacerme el indiferente con vos, con cualquiera me sale, con vos no Salomé.
Me quedé muda. Y no sabia realmente que pensar.
- Nos conocemos hace 5 días Aquiles, no exageres. Soy libre de hacer lo que quiero, estoy de vacaciones, esto tampoco es temporal, y si querías que accione, hubieras implementado otra cosa, porque esto simplemente empeoró todo, todo pensamiento bueno que tenía hacia vos se borró, fue cualquier cosa.
- Me enfermas, me encantas. No lo notas? - me agarró y me apretó contra su cuerpo, mi cara quedó a la altura de su cuello que soltaba ese aroma fresco, y su bulto se apoyaba contra mi ombligo. Estaba caliente, enojado, ardía.
Me enfurecí, no podía distraerme de esa forma. Salí de su lado, y no pudo más, no me forzó.
Se fué de la habitación, asi sin más.
Quedé frustrada. Caliente, enojada, frustrada, confundida.
10
Cuando al otro día me desperté, tomé lo que pude, y salí de la casa sin siquiera desayunar. Era muy temprano, pero me dispuse a buscar trabajo ya que no podía vivir sin hacer nada, y adentro de la casa donde un tipo traía mujeres y me las refregaba en la cara.
Cuando estaba en la calle, veía miles de locales, de ropa, de comida, de recuerdos. No buscaba nada de eso, quería algo acorde a mi.
Vi una hermosa imagen, donde un nene le daba de comer a un perro. Le saqué una foto a eso.
De pronto, una mujer se me acerca. Tenía aproximadamente 40 años, o más.
- Miele, di scattare foto? - dijo la Tana, con lo poco que entendía, respondi
- Sì, signora. Io sono una fotografia
- Ho uno studio fotografico e fotografi bisogno di urgenti. - dijo. Lo que entendí es que necesitaba fotografos... Así que dije
- Sto cercando lavoro, la prego di dirmi quando e comincio...
Así de facil se consigue trabajo en Italia. Suerte de principiante.
Cuando le conté a la Italiana que yo era Argentina, cambió el tono de la conversación. Fue de mucha confianza y hasta empezó a hablar más español que Italiano, obviamente le costaba pero hacía lo posible para que yo entienda.
Me cayó muy bien Lucía, así era su nombre. Fuimos a tomar un café, y nos hicimos "amigas". La primera que encontraba en Italia. Gente muy buena.
Me mostró el estudio, el cual quedaba a 4 cuadras de casa. La mayoría de los que trabajaban ahí eran hombres, salvo ella, otra chica y yo.
Me mostraron el programa y los proyectos y los capté al instante. Iba a ir a buscar a un profesor de Italiano porque me costaba mucho comunicarme, pero eso lo dejé para después.
Volví a casa y me preparé la comida. Aquiles estaba en su habitación.
9
Creía que estaba borracho, ya que no podia caminar muy bien. Detrás de él, apareció ella, la chica de pelo cortito. Me miró con cara de asco y se fueron a la habitación de Aquiles, donde yo habia dormido la noche anterior. Él ni siquiera me miró.
De repente, me dieron ganas de vomitar. Dejé de comer, y me concentré en otra cosa. Tomé mi celular y recibí todos los mensajes y llamadas de los que me querían. Nicolás estaba realmente desesperado, pero lo bloqueé. Subí a Facebook unas fotos de Florencia, y me puse los auriculares para escuchar música.
Igualmente, escuché los gemidos, risas, gritos y todo tipo de ruido existente.
Me sentía patetica, sola, quería llorar, gritar, putearlo.
Me encerré en mi habitación donde los ruidos eran aun mas fuertes. Estallaba de celos, de bronca. Me dormí llorando, desolada.
No podia sentirme asi en tan poco tiempo. Tampoco tenia derecho a reclamarle nada porque no era nada mio, ni siquiera mi amigo. Estaba muy frustrada.
¿Por qué hacia esto? Me daba besos en la frente, me provocaba, me llevaba a la cama, me tapaba, me protegía y cuidaba.
Cuando buscaba despejarme, me encontraba de nuevo en otra historia que me hacía mal.
De repente, me dieron ganas de vomitar. Dejé de comer, y me concentré en otra cosa. Tomé mi celular y recibí todos los mensajes y llamadas de los que me querían. Nicolás estaba realmente desesperado, pero lo bloqueé. Subí a Facebook unas fotos de Florencia, y me puse los auriculares para escuchar música.
Igualmente, escuché los gemidos, risas, gritos y todo tipo de ruido existente.
Me sentía patetica, sola, quería llorar, gritar, putearlo.
Me encerré en mi habitación donde los ruidos eran aun mas fuertes. Estallaba de celos, de bronca. Me dormí llorando, desolada.
No podia sentirme asi en tan poco tiempo. Tampoco tenia derecho a reclamarle nada porque no era nada mio, ni siquiera mi amigo. Estaba muy frustrada.
¿Por qué hacia esto? Me daba besos en la frente, me provocaba, me llevaba a la cama, me tapaba, me protegía y cuidaba.
Cuando buscaba despejarme, me encontraba de nuevo en otra historia que me hacía mal.
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